MOLINOS DE MAREA

El entorno del Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel ha disfrutado históricamente de una importante presencia de Molinos de Marea, debido a sus características naturales: importancia de las mareas y fuerza del río, y a la destacada actividad portuaria de su entorno.

Un molino de mar consiste en un artificio que permite, a través de la energía obtenida de las mareas, realizar diferente tareas mecánicas, como la molienda del cereal. La energía se obtenía de la diferencia del nivel de las mareas: se construía para ello un muro dentro del estuario que permitía, a través de una compuerta, el llenado del embalse en las pleamares para después, en la bajamar, canalizar el agua embalsada que impulsaran las ruedas hidráulicas, generando un movimiento rotatorio en la muela destinado a la molienda del grano.

Cantabria ha sido poseedora de la mayor concentración de molinos de mar del arco atlántico europeo. En el entorno de la Bahía de Santoña han llegado a existir unos 36 ingenios, contabilizándose en Colindres hasta siete molinos de estas características desde el siglo XVI hasta nuestros días: tres en la Magdalena, dos en el Tintero y otros dos en Nadal y La Mar, de los cuales perviven restos de dos de ellos: el de Los Nuevos y el de La Mar. La privilegia posición de la villa al final del Camino Real la convertían en un centro de transformación de buena parte del trigo que llegaba de Castilla.

Aunque su existencia se remonta a la Edad Media, los Molinos de Marea experimentaron una fuerte expansión a partir del siglo XVI gracias al descubrimiento de América y al comercio con el norte de Europa. Impulso que se vio reforzado con la implantación del cultivo de Maíz en Cantabria y con el tráfico de trigo castellano que se desarrolló durante el siglo XVIII.

Regulada su actividad mediante ordenanzas, la decadencia de estos molinos comenzó en el siglo XIX con la industrialización y la legislación de desecación de marismas que se pone en marcha a comienzos del XX: se derriban y bloquean compuertas y edificios, de forma que las presas quedasen aisladas de la mar, y aparecen los grandes muros de desecación.

Mediada la pasada centuria, los Molinos de Marea habían dejado de funcionar en Colindres.

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