Un paseo por el puerto

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El Puerto

La pesca siempre ha sido uno de las actividades principales de Colindres, documentándose ya en el siglo XVII la exportación hacia Madrid de especies como la sardina y el besugo.

A mediados del siglo XIX ascendían a 80 las familias del municipio dedicadas a la pesca, con 40 botes que alimentaban el trabajo de tres fábricas de escabechado. Finalizando aquella centuria el sector pesquero colindrés inició un proceso de modernización, con la incorporación de mayores embarcaciones, de nuevos tipos de aparejos y la introducción de motores a vapor, luego sustituidos por los de gasolina. A comienzos del siglo XX eran ya 13 los vapores, de una flota de 130 embarcaciones, en tanto que las fábricas ocupaban a más de 200 trabajadores, la mayoría de ellos mujeres.

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Pero el gran obstáculo era la carencia de un puerto, debiéndose utilizar para atracar la escollera de acceso a la Barca de Treto o entre las junqueras. Ello generaba graves problemas: falta de protección ante los temporales que amenazaban con hundir las barcas, deficiencias en las cargas y descargas, con peligro de ocasionar accidentes, y generando para Colindres desventajas frente a otros pueblos mejor acondicionados.

La primera propuesta seria para solucionarlo vino de la mano del exdiputado Tomás Demetrio Alvear, quien en 1846 presentó al Cabildo y al Ayuntamiento proyecto para secar una zona de marisma y establecer un puerto. No pudo realizarse, y hasta 1916 no se planteó una nueva propuesta en firme, cuando la Unión Marinera, a través del concejal Luciano Calzada, planteó sus reivindicaciones al Ministro de Fomento. Lograron que se redactara un anteproyecto en 1919, pero no fue hasta 1933, tras solicitárselo en persona al Presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, en una visita que realizó a Colindres en agosto del año anterior, cuando se aprobó el proyecto para la construcción de un puerto.

Desde entonces, ha sido un elemento imprescindible de la vida y el paisaje del municipio.

La Barca de Treto

Durante siglos el paso de la ría del Asón entre Colindres y Bárcena de Cicero se realizó mediante un servicio de barcaje, conocido popularmente como la Barca de Treto. Un servicio que alcanzó gran relevancia estratégica, según crecía el tránsito de personas y mercancías por la costa, incluidos los numerosos peregrinos que se dirigían a Santiago. En el siglo XVI su valor se calculaba ya en 520.000 maravedíes anuales, una suma muy considerable para la época.

Puente giratorio

Puente giratorio

No es de extrañar por tanto que, en su estrategia de expansión inmobiliaria, la poderosa casa de Velasco (Camareros Mayores del rey) adquiriera y se esforzará por conservar la propiedad del barcaje a finales de la Edad Media. Un derecho que incluía la prohibición a otros de realizar el paso de personas y caballerías desde Marrón a Santoña, en otro ribero que no fuere el muelle en el que desembocaba la calzada de la ermita de la Magdalena.

Más aún, los intentos de edificar en el siglo XV sobre la ría un malecón-puente de piedra (obra sumamente complicada en aquella época por las adversas condiciones de la ría) se encontraron con la enconada oposición de los Velasco, celosos defensores de su monopolio. La calzada-malecón que llegó a construirse se vio seriamente dañada por las mareas, en 1492 y 1498.

En el siglo XIX el servicio era propiedad del conde duque de Noblejas, a quien le fue arrebata su gestión durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840), pasando a manos de los concejos de Colindres y Adal (Bárcena de Cicero) para garantizar el paso de tropas. Tras recuperar Noblejas la titularidad, hubo de hipotecarla para hacer frente a un préstamo del convento de La Canal.

En 1865 la Barca se convirtió, finalmente, en un servicio público, pero su deficiente servicio, incapaz ya de canalizar el ingente tránsito de personas y mercancías que transitaba por la carretera de la costa: productos mineros de Castro Urdiales, conservas de los puertos de Colindres y Laredo… incentivó la acuciante demanda de su sustitución por un puente. Retrasos interminables, accidentes, naufragios, viajeros y productos arrojados a la ría; todos estos percances se repitieron durante las décadas finales del siglo XIX, provocando un creciente malestar entre la población, hasta la definitiva apertura del Puente Giratorio en 1905.

La cofradía de pescadores

Los vínculos de Colindres con la mar vienen desde muy antiguo, documentándose sus prácticas marineras desde el siglo XVI, cuando la villa se hallaba bajo la jurisdicción de Laredo, una de las Cuatro Villas de la Costa cuyos puertos disfrutaban del monopolio pesquero.

En el siglo XVII la pesca estaba ya consolidada como la más tradicional y próspera industria en Colindres, exportando a Madrid especies como la sardina y el besugo.

Los pescadores supieron aprovechar los cañaverales y junqueras, así como las canaletas hoy ocupadas por los rellenos de Colindres de Abajo. En estos lugares, accesibles y protegidos, se carenaban pinazas y traineras de pesca hasta al menos, comienzos del siglo XVII. Estas condiciones tan favorables fueron el origen de los astilleros de Falgote, creados en 1618 por iniciativa real para formar la Escuadra de las Cuatro Villas.

 

Era tanta la importancia de la pesca, que en 1704 se recogieron diligencias para contar con un proveedor permanente de abastos, que además de vinos y carnes, debía disponer de bacalao o aceite de ballena, todo proveniente en su mayor parte de las pesquerías locales.

La relevancia de la actividad impulsó la asociación de los pescadores en el “Gremio de Pescadores de Colindres”, fundado en 1783 bajo la dependencia de Laredo. La asociación se independizó en 1900, pasando a denominarse “Sociedad de Socorros Mutuos de la Unión Marinera de Colindres”.

Fecha señalada para el gremio fue el 5 de enero de 1910, cuando adoptó el nombre de “Pósito Unión Marinera de Colindres”, aprobando nuevos estatutos redactados por Luciano de la Calzada. Ese mismo año, se inauguró a sala de ventas de lo que hoy conocemos como “Venta vieja”, que contó con salón de reuniones, gabinete para la Junta, despacho, sala de escritorio, portal y escusado; dependencias a las que se sumarían marquesina (1920) y surtidor de gasolina, el primero del pueblo, en 1926.

Cofradía vieja

Cofradía vieja

Entre 1937 y 1944 los órganos de gobierno del gremio pasaron a depender del Instituto social de la Marina y, posteriormente, del Sindicato de Pesca.

Es en 1978 cuando se constituye la actual “Cofradía de Pescadores de San Ginés de Colindres”.